🌔 Orbitar la Luna, evitar lo humano

💥 El conflicto empieza donde no miramos.

Ayer, mientras una buena parte del planeta Tierra dormíamos, una nave con tripulación humana pasó por la cara oculta de la Luna.

Si lo piensas un momento, es difícil no sentir asombro: el ser humano hemos sido capaces de lanzar una nave, sostener vida humana en el espacio profundo, calcular trayectorias imposibles, atravesar el silencio, perder comunicación durante unos minutos previstos y volver a aparecer al otro lado.

Hay algo casi irónico en esto: el silencio al pasar por la cara oculta de la Luna no fue un fallo, por lo visto, era algo esperado.

China tiene allí un satélite relé. Si Estados Unidos y China estuviesen hoy dispuestas a colaborar más de lo que compiten, se podría haber mantenido la comunicación.

Esto ilustra muy bien que, mientras hacemos cosas alucinantes como acercarnos a la cara oculta de la Luna, seguimos mostrando enormes dificultades para acercarnos a la cara oculta de lo humano.

A esa parte desde la que se activan el miedo, la amenaza, la humillación, la defensa, la deshumanización “del/a otro/a”.

Tenemos capacidad para llegar muy lejos fuera de nosotrxs.
Pero parece que dentro, demasiadas veces, seguimos siendo torpes exploradores/as.

Es una idea que de manera recurrente me comparte una colega profesional muy sabia, Maite Eraso, con la que realizamos entrenamientos en prevención y manejo de conflictos para empresas y otros contextos: qué paradoja tan grande es que una especie capaz de proezas tecnológicas semejantes, esté al mismo tiempo tan poco entrenada para entender y manejar sus propias reacciones cuando entra en fricción.

En estos entrenamientos, guiamos a personas y equipos a mirar ahí donde normalmente no quieren mirar: qué pasa cuando algo se tensa, qué se pone en marcha, qué relato aparece, qué necesidad se defiende, qué herida se activa, qué mecanismo toma el volante… y nos impide manejar la situación de una forma respetuosa y conciliadora.

Lo vemos en pequeño y en grande.

Lo vemos en una reunión.
En un comité de dirección.
En un equipo que deja de hablarse.
En una organización que interpreta el desacuerdo como amenaza.
Y lo vemos también a escala geopolítica, en un mundo que sigue respondiendo con destrucción, escalada y violencia sostenida en multitud de lugares. Ahora Ucrania, Gaza o Irán, son nuevos conflictos violentos a añadir a un recorrido histórico innumerable.

No digo, por supuesto, que un conflicto organizacional y una guerra sean comparables. No lo son. Pero sí comparten algo de fondo: la incapacidad de detenernos lo suficiente como para comprender qué se ha activado en nosotras/os, y qué empieza a gobernarnos cuando dejamos de ver al/a otro/a como alguien humano y empezamos a verlo como obstáculo, enemigo o amenaza.

Quizá por eso me resonó tanto la imagen de la cara oculta de la Luna, para escribiros hoy esto.

Porque la cara oculta no es lo malo.
Es lo no visto.

Y lo no visto, cuando no se explora, no desaparece. Sino que opera sin control.

También me parece importante hacer aquí un pequeño gesto de honestidad frente al occidentalcentrismo.

Estos días muchas noticias están presentando este momento como si la humanidad acabase de asomarse por primera vez a la cara oculta de la Luna. Y no exactamente. Lo nuevo es que lo haya hecho una misión tripulada.

Según me he informado, imágenes, aterrizajes y exploración de esa zona ya habían llegado antes de la mano de China: Chang’e-4 logró en 2019 el primer alunizaje suave en la cara oculta, y Chang’e-6 recogió allí muestras en 2024.

En mayo tenemos de nuevo reservado nuestro programa de entrenamiento en prevención y manejo de conflictos con una entidad pública.

Te dejo aquí uno de los primeros ejercicios que hacemos cuando entrenamos en conflicto, por si quieres probarlo.

Un ejercicio breve de autoobservación

Piensa en un conflicto reciente.
Puede ser uno en el que estabas directamente implicada o uno en el que te tocó intervenir como tercera parte.

Y pregúntate, con honestidad:

¿Qué es lo que se activa en mí en ese conflicto?

No qué hace mal la otra persona.
No quién tiene razón.
No cuál sería la solución ideal.

Sino esto:

  • ¿Qué me pasa a mí?

  • ¿Qué emoción aparece primero?

  • ¿Qué tipo de situaciones me disparan especialmente?

  • ¿Qué necesito proteger?

  • ¿Qué temo perder?

  • ¿Qué historia me cuento en segundos sobre la otra parte?

  • ¿Desde qué lugar empiezo a intervenir, reaccionar o defenderme?

Ese es, muchas veces, el comienzo del trabajo.

Porque esa es nuestra cara oculta.

Y cuanto menos la conocemos, más fácil es que nos gobierne.
En una conversación difícil.
En una mediación.
En una reunión de equipo.
En una organización entera.
Y, por ende, también, en el mundo que estamos construyendo.

Hemos aprendido a llegar a la cara oculta de la Luna.
No estaría mal que nos tomáramos un poco más en serio aprender a llegar a la nuestra.

🗣️ Aquí para compartir reflexiones o dudas con personas como tú.

🚀 Aquí para la experiencia completa de La Comunidad Del Futuro.

➕Si te interesa el entrenamiento en prevención y manejo de conflicto en tu organización y/o equipo, escríbeme.

*la portada de este post (como la de casi todos) la he creado con IA.

📌 Reenvia esto a alguien a quien resulte útil 😊 

📌 Si alguien te envió esto, aquí para recibir otros parecidos.